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domingo, 1 de julio de 2012

Capítulo 2

Cientos de gotitas brillaban bajo el sol de la mañana, alojadas en la hierba fina y verde que cubría la zona. Cerca de la piscina, a la sombra de unos árboles, estábamos nosotras tumbadas sobre las toallas. Brenda llevaba unas gafas de sol que le cubrían buena parte de la cara, y yo me había recogido el pelo en una cola alta que me estorbaba al apoyar la cabeza, así que finalmente decidí deshacerla y dejar mi cabello suelto. Se escuchaban pájaros y olía a crema solar, a melocotón. Siempre me ha encantado ese olor, un aroma fresco, que habla de verano, de playa, de ausencia de obligaciones.

–Bueno, ¿qué te pareció David? – me preguntó Brenda de pronto, sin moverse un milímetro. Había llegado a pensar que estaba dormida.

–Es majo.

–Estás sonriendo.

Era cierto, estaba sonriendo, aunque no me di cuenta de ello hasta que Brenda lo mencionó.

–Me ha invitado a un concierto de Metallica. Pero no sé qué hacer... Van todos sus amigos, y me da un poco de vergüenza.

–Tienes que ir. – Se incorporó de un brinco, inclinándose sobre mí. Su entusiasmo me hizo reír.

–No lo sé. Me dio su Tuenti para que le diera una respuesta cuando me lo hubiera pensado.

–¿Y lo has agregado?

–No.

–¡¿Por qué?!

–No lo sé.

Resopló y volvió a tumbarse, colocándose las gafas de sol. Después dirigió hacia mí la mirada de nuevo.

–No sabes nada.

Asentí y apoyé la cabeza sobre mis brazos.

–¿Sabes lo que creo? – continuó –. Creo que lo que te pasa no es que sea demasiado pronto para conocer a alguien, porque eso es irrelevante. ¿Qué importa cuánto tiempo haya pasado de la ruptura, si encuentras a alguien que puede hacerte feliz?

–¿Cómo sabes que él puede hacerme feliz sin apenas conocerlo?

–Déjame terminar – me espetó –. Lo que te pasa es que tienes miedo de que vuelvan a hacerte daño.

–Eso es absurdo, Brenda.

–Tarde o temprano te enamorarás de él, ya lo verás. Y cuando eso ocurra, recuerda esta conversación.

Suspiré, sin intención de responder.

–¿Tienes hambre? – Agradecí que cambiara de tema.

–Un poco.

Se incorporó y estiró como si acabara de despertar de un profundo sueño, hasta que, finalmente, se puso en pie de un salto.

–Vamos a la cocina y nos preparamos algo.

Eran las once de la mañana y no habíamos desayunado. Había madrugado bastante para ir a casa de Brenda a disfrutar de la piscina antes de que hiciera demasiado calor como para recorrer media ciudad a pie. El plan era pasar allí el día, ya que sus padres no regresarían hasta llegada la noche.

La seguí a la cocina por el sendero de piedra que atravesaba el césped, y pronto estuvimos frente a la encimera preparando unos sándwiches de queso.

–¿Qué quieres para beber: batido o zumo? – me preguntó Brenda desde la despensa.

–Mejor un zumo.

–Marchando.

Cuando dejó las bebidas junto a los sándwiches tocaron al timbre y se dirigió al pasillo para abrir la puerta. ¿Quién sería?

–¿Son tus padres? – quise saber, gritando desde la cocina mientras colocaba nuestro desayuno sobre una bandeja decorada con flores y frutas de colores.

–No, ellos nunca llaman. Y es seguro que no vuelven hasta esta noche.

Escuché la puerta abrirse y luego una voz masculina que reconocí al instante: Leo. ¿Había invitado a su novio? Eso estropeaba bastante mis planes. Suspiré y cogí la bandeja, ya preparada, para llevármela al jardín, pero entonces sentí que alguien me tocaba el hombro, así que la dejé donde estaba y me di la vuelta.

–Hola, Alma – me saludó David, sonriente.

No me lo podía creer. Brenda los había invitado y no me había dicho absolutamente nada. O quizás se habían presentado allí sin avisar.

–¡Hola! – respondí, algo inquieta.

–¿Quieres que te ayude con eso? – señaló la bandeja sobre la encimera.

–No, no. Puedo sola – la cogí –, pero gracias.

Él ignoró por completo mis palabras y me arrancó la bandeja de las manos. Me encogí de hombros.

–¿Quieres que os prepare algo? – ofrecí.

–Ya hemos desayunado. Pero gracias.

Los dos sonreímos en silencio, sin saber muy bien qué hacer, hasta que él volvió a hablar.

–No me has agregado...

Me puse nerviosa, y solo se me ocurrió una respuesta.

–Todavía no he decidido si voy a ir o no.

Por la expresión de su rostro, creo que mis palabras lo decepcionaron bastante, pero no tardó en recuperar su alegría habitual. Mientras nos dirigíamos hacia el jardín, Brenda y Leo se unieron a nosotros. Una vez allí, los chicos decidieron darse un baño hasta que nosotras termináramos de desayunar.

–¿Por qué no me has dicho que los habías invitado? – inquirí antes de morder mi sándwich.

–No los he invitado. Pero le dije a Leo que hoy pasaríamos el día aquí tú y yo y como, por alguna razón, él dio por hecho que te gustaba David, ha pensado que sería una buena oportunidad para vosotros que ellos se apuntaran al plan – se encogió de hombros, como si nada.

–¿Seguro que tú no tienes nada que ver?

–Te lo prometo. Pero, ¿sabes? Me alegro de que hayan venido, porque Leo me ha dicho que han estado hablando de ti. Al parecer David piensa que... – se detuvo para mirarme, y luego, encogiéndose de hombros, añadió –: No importa. No te gusta David, así que no te interesará demasiado. Creo que a este sándwich le hace falta un poco de mayonesa, ¿no te parece?

Suspiré. Era un truco. Un truco para que reconociera que sí quería saber lo que había dicho David sobre mí. Intenté dejar a un lado mi curiosidad para no permitir que Brenda se saliera con la suya, pero no pude.

–Vamos, Brenda, ¿qué piensa David? – pregunté fingiendo cierta indiferencia.

–¡Ajá! – exclamó, señalándome –. ¡Lo sabía! Sí que te gusta David.

–No me gusta David, y baja la voz, por favor.

–Oh, cariño. Sí que te gusta. – No sé por qué, pero cuando dijo eso me recordó a Lily de Cómo conocí a vuestra madre –. Está bien, si insistes tanto, te contaré lo que dijo de ti.

–No, calla – susurré al ver que Leo y David habían salido de la piscina y se acercaban a nosotras.

Terminé mi sándwich y apuré el zumo a toda prisa, antes de que David se situara justo delante de mí, envuelto en una enorme toalla azul marino y con gotitas de agua cayendo de su pelo.

–¿Puedo? – me preguntó señalando con la cabeza el sitio que había junto a mí.

Asentí. Por alguna razón que desconozco, el corazón me latía deprisa. Extendió su toalla muy próxima a la mía y se sentó, colocando los brazos sobre sus rodillas. La luz del sol empezaba a colarse en nuestra zona, e iluminaba la parte derecha del cabello del chico. Miraba a la nada, sus enormes ojos verdes llenos de misterio, y me pregunté en qué estaría pensando. Repitió el gesto de la noche anterior, paseando la mano desde la nuca hasta el flequillo, y un millón de gotas de agua salieron despedidas. Después se volvió hacia mí y me sonrió. Sentí mi rostro enrojecer.

–Espero que no hayamos estropeado vuestros planes viniendo aquí – me dijo, y sonó como una disculpa.

Antes de que pudiera responder, escuché el comienzo de Prince charming de Metallica, que indicaba que alguien me estaba llamando al móvil.

–Perdona – susurré con timidez, y me incliné hacia atrás para buscar el teléfono en mi mochila, apoyada en el pie del árbol detrás de mí.

Era el número de mi casa. ¿Qué habría pasado? Descolgué sin pensarlo mucho y escuché la voz de mi hermano, Gabriel, al otro lado.

–Alma – me dijo, con su voz de niño pequeño. Me lo imaginé con la cabeza a la altura de la mesilla del teléfono, sujetando el auricular con las dos manos –. Me han dicho papá y mamá que tienes que venir a casa a cuidar de mí.

–¿Por qué? – pregunté molesta. No quería volver. Miré fugazmente a David y vi que estaba pendiente de lo que sucedía –. No puedo ir ahora, Gabi. Pásame con mamá.

–No está. Es que se han ido, y no me han dicho por qué. Solo que te llamara y que vinieras rápido, que no me quedara solo.

–¿Se tenían que ir rápido?

–Sí.

–¿A dónde?

–No sé.

–¿Y cuándo van a volver?

–No sé – repitió.

Resoplé sin apartar el móvil de la oreja. Estaba preocupada por lo que hubiera podido pasar para que mis padres dejaran solo a Gabriel tan de repente. Tendría que volver a casa, no me quedaba otro remedio... Mi hermano no se iba a preparar la comida solo.

–¿Qué pasa? – me preguntó Brenda al ver mi expresión.

–Mi hermano está solo en casa y tengo que ir a cuidar de él. Al parecer mis padres se han tenido que ir rápido a alguna parte. Así que... tengo que irme.

Gabriel decía cosas al otro lado, pero no presté atención.

–Espera un momento, Gabi – le pedí al ver que Leo se acercaba a mí.

Me arrancó el móvil de la mano y se lo pegó a la oreja.

–¡Eh, chaval! – saludó sonriente –. Soy Leo. Te acuerdas de mí, ¿no? – soltó una carcajada por algo que diría mi hermano, y luego siguió –: ¿Te apetece que vayamos a buscarte y te vienes con nosotros a la piscina? Pues date prisa en preparar el bañador que estamos allí en un momentito. Venga, te paso con tu... – Miró el teléfono extrañado y después a mí –. Ha colgado.

–¿Por qué le has dicho eso? – le dije.

–Para que no tengas que irte. Vamos tú y yo en mi coche a tu casa, recogemos a tu hermano, y nos venimos de vuelta los tres. ¡A mí me parece una buena idea, y a él le ha encantado!

–Gabi tiene seis años, Leo. No nos va a dejar tranquilos.

–Tonterías, yo me ocupo.

–¿Por qué no vamos todos? – sugirió Brenda, ilusionada. Quería a mi hermano como si fuera el suyo propio.

–No. Iremos Alma y yo – le dio un beso en los labios a la chica, que lo miró decepcionada –, y volveremos enseguida.


De camino a mi casa, en el coche de Leo, apoyé el brazo en la ventanilla confiando en que me llegara algo de aire fresco, pero pronto tuve que rendirme al descubrir que era cálido y molesto, así que la cerré y Leo puso el aire acondicionado.

–Bueno, ¿qué te parece David? – me preguntó sin dejar de mirar a la carretera.

–¿Qué os pasa a los dos con eso?

–Creo que sois perfectos el uno para el otro.

Resoplé, negando con la cabeza. ¿Es que nunca iban a dejarme en paz?

–Escucha – siguió diciendo, y esta vez adoptó una expresión seria –. Quizás pienses que es demasiado pronto para eso, pero no deberías desechar la posibilidad de...

–A ver, Leo, y espero que esto deje zanjado el tema de una vez. Hace pocos días estaba bien con Pablo, y de la noche a la mañana me ha dejado. No ha sido algo gradual. Nuestra relación no se ha ido enfriando poco a poco. Ha sido algo impredecible – sentí que las lágrimas se agolpaban en mis ojos, y luché para que no se derramaran –, y no puedo evitar quererlo todavía. Necesito una explicación, y una parte de mí me dice que cuando la tenga encontraré la forma de solucionar las cosas y conseguir así que todo vuelva a la normalidad. Yo lo quiero, Leo. Y tengo esa estúpida esperanza.

Me miró y vi el dolor en sus ojos. Suspiró y supe que las palabras que dijo a continuación le quemaron la garganta.

–Pablo está con otra.

6 comentarios:

  1. ¡Es largo y se me ha hecho corto!
    Quiero más, nena JAJAJA
    Muchos besos:)

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  2. Jo, ¿por que se me ha hecho tan cortito? >.<
    Has conseguido que me enganche totalmente con dos capítulos xD
    Espero ansiosa el siguiente. Mi querer más jajajjajaaj

    Besitos *3*

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  3. ¡Demasiado corto!
    Me encanta, en serio! Es una maravilla!
    Estoy enganchada al 100% y espero que subas en breve el capítulo 3!!
    Síiiiiiiiiiiii!!! :)

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  4. Quiero el siguiente ya!!! me ha encantado en serio ^^
    un besooo =)

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  5. Ya me he leido los 2 capitulos y me han gustado mucho. Quiero otro yaaaa. Pablo con otraaaa, a ese le mataba yo por dejar a la podre de Alma. Pero ahora tiene a David y quiero q valla con el a ver a Metallica para olvidarse del gilipollas de su ex

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  6. OOOOOOO che Pablo- pero le va a calar cuando vea a Alma con David- le va a pesar!!!

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