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jueves, 25 de julio de 2013

Capítulo 14

Una brisa fresca entraba por la ventana de la cocina mientras desayunaba con mi familia, la luz clara de la mañana extendiéndose por toda la estancia. Mi madre me preguntaba si ya había guardado esto y aquello en la maleta, y yo asentía a todo mientras devoraba mis cereales, mirando el reloj constantemente. Cuando las agujas marcaron las diez y diez y el tazón estuvo vacío, lo fregué a toda prisa y corrí a mi cuarto. Estarían al llegar. Tres minutos más tarde escuché el sonido del timbre y a mi madre abrir la puerta.
                –¡Alma! – me llamó.
                Me colgué la mochila y la guitarra, agarré la maleta y me dirigí hacia la entrada. Brenda me esperaba al otro lado de la puerta, charlando con mi madre. Llevaba un vestido sencillo de color coral suave y las gafas de sol sobre la cabeza. Me dedicó una sonrisa impecable al verme, el rostro lleno de satisfacción.
                –¿Preparada?
                Asentí. Me despedí de mi madre con un beso en la mejilla y caminé hasta el coche junto a Brenda. Me di cuenta de que David ya estaba con ellos, en el asiento de atrás. Me saludó con la mano. Leo se bajó del vehículo para abrir el maletero y ayudarme a guardar en él mi equipaje. Me revolvió el pelo antes de volver a entrar en el coche.
                –¡Ya estamos todos! – exclamó Brenda, acomodándose en su asiento –. ¡En marcha!
                Miré a David. Su pelo brillaba bajo la luz del sol que caía sobre la ventanilla abierta, y sus ojos eran más verdes que nunca. Cuando me sonrió, sentí que mi corazón enloquecía.
                –Hola – saludé, temiendo haberme ruborizado, sonriéndole también.
                –Hola.
                Leo arrancó el coche y a los pocos segundos empezó a sonar Toxicity de System of a down, más o menos por la mitad de la canción. Ya habíamos salido de mi barrio cuando la canción terminó. Brenda se inclinó y fue pulsando el botón del reproductor hasta que encontró lo que buscaba. Subió el volumen y se deslizó en su asiento, apoyando los pies descalzos sobre la guantera y cubriendo sus ojos con las gafas de sol. Sonrió mirando por la ventanilla mientras los primeros acordes de Save tonight, de Eagle Eye Cherry, invadían el interior del coche. Leo dirigió una mirada de desaprobación a los pies de Brenda, pero no le dijo nada.
                Tres cuartos de hora más tarde, y con ayuda del GPS, entrábamos por un sendero de arena rodeado de árboles y de hierba densa y alta. Al frente se divisaba una casa de paredes blancas y tejas rojizas, con una amplia terraza en el tejado, conectada con la buhardilla. Había árboles alrededor, y se entreveía la zona de la piscina. Un hombre no muy alto de pelo oscuro nos esperaba en la puerta. Supuse que sería el arrendador. Leo lo saludó con la mano mientras aparcaba frente a la casa, junto a otro coche. Cuando bajamos del vehículo sentí el sol abrasador sobre la piel. El hombre nos acompañó hasta el interior de la casa y nos la estuvo enseñando, explicándonos dónde podíamos encontrar sábanas y almohadas, utensilios de cocina y cómo funcionaba la depuradora de la piscina. Después de unos quince minutos regresamos a la entrada y le tendió la llave a Leo. Nos despedimos del hombre y llevamos nuestro equipaje a las habitaciones.
                Brenda corrió por el pasillo entusiasmada, agarrando la maleta de mano y con la mochilita en forma de saco colgada a la espalda. Entró veloz en la habitación que compartiría con Leo y la perdí de vista.
                –¡Qué bien lo vamos a pasar! – la escuché gritar desde allí, eufórica.
                Me asomé a la habitación de enfrente. Había dos camas individuales, una mesita de noche compartida, un pequeño escritorio bajo la ventana y un armario empotrado, donde el hombre nos había dicho que estaban las sábanas. David me siguió, apoyándose sobre el marco de la puerta, e hizo la pregunta que llevaba en mi cabeza desde que habíamos llegado.
                –¿Prefieres que compartamos habitación? Si no, me instalaré en la otra.
                –Mejor quédate en esta – respondí, sonriendo –. No me gusta dormir sola en lugares que no conozco.
                Asintió, y me pareció percibir un atisbo de alivio en su expresión. Entramos para dejar allí nuestras cosas. Yo elegí la cama más lejana a la puerta.
                –¡Las sábanas! – exclamó Brenda mientras entraba en nuestra habitación. Me dirigió una mirada pícara, seguramente al descubrir que iba a dormir en el mismo cuarto que David. Abrió la puerta del armario y se puso de puntillas, intentando alcanzar un juego de sábanas –. ¡Leo, ven a ayudarme! Estos armarios son para gigantes…
                David y yo nos echamos a reír mientras Leo entraba en la habitación y cogía las sábanas sin ningún esfuerzo.
                –Es que eres una pequeñaja – bromeó.
                Su novia lo fulminó con la mirada.
                –Ahora las vas a poner tú solo, por graciosillo.
                –Sí, señora.
                Después de hacer las camas y terminar de instalarnos en las habitaciones, y tras haber guardado nuestra comida para el fin de semana en la nevera, Brenda decidió, provocando una breve discusión, que nosotras compartiríamos el cuarto de baño más amplio y los chicos el otro. Luego nos fuimos a la piscina. El sol caía sobre el agua, reflejos dorados meciéndose sobre la superficie. Había una pequeña parcela de césped a un lado de la piscina, y un pequeño jardín de flores que quedaba separado por una valla de madera. Me senté a la mesa del porche con Brenda, esperando a que la piel absorbiera la crema solar, mientras Leo y David se zambullían en la piscina. Después de un rato charlando, nos lanzamos nosotras también. La temperatura del agua era perfecta.
                Nadé hasta David y, procurando pillarlo desprevenido, me lancé sobre él para hacerle una ahogadilla. Me eché a reír mientras salía de nuevo a la superficie, sorprendido. Sonrió y se abalanzó sobre mí. Intenté escapar, pero no tardó en atraparme. Sus brazos envolvieron mi vientre y mis piernas, dejándome completamente inmovilizada. Aun así, hice lo que pude por liberarme. Él soltó una risa maliciosa. Sabía que podía vengarse cuando quisiera, pero esperó un poco más. Sentía su piel deslizarse contra la mía, sus manos sujetándome con firmeza.
                –¿Quieres que te suelte? – preguntó, burlón.
                –¡Sí!
                Volvió a reír y supe que iba a hundirme en el agua, así que me abracé a su cuello, poniéndoselo más difícil. Mi mirada se clavó en sus ojos, desafiante.
                –¿Crees que te vas a librar? – rio de nuevo. Nuestras cabezas estaban casi a la misma altura.
                Empezó a hacerme cosquillas en la cintura con una mano, la otra todavía sujetando las piernas.
                –Mal pensado. Ese truco no funciona conmigo. No tengo cosquillas – anuncié con tono victorioso –. ¿Y tú? ¿Tienes?
                Sin pensármelo dos veces le solté el cuello y utilicé el mismo truco, solo que en él sí tuvo efecto. No tardó en soltarme las piernas, que entrelacé alrededor de su abdomen para inmovilizarlo. Sentí sus músculos tensarse con el contacto de mi piel. Sabía que no era suficiente, así que le sujeté los brazos, procurando mantenerlos alejados de mí.
                –¿Tus últimas palabras? – le dije, mostrándole una sonrisa de satisfacción, aunque sabía que no le costaría mucho liberarse. Me sorprendió que no se resistiera.
                –Pienso vengarme.
                Solté una carcajada y lo impulsé hacia el fondo, dejando sus brazos libres. Cuando su cabeza estaba a punto de sumergirse, intenté deshacer el lazo de mis piernas para no hundirme con él, pero sus manos las apretaron con fuerza contra su cuerpo, impidiéndomelo. Así que terminamos los dos debajo del agua. Finalmente me soltó y los dos nadamos hacia la superficie. Salí con el cabello pegado al rostro, y lo eché hacia atrás. Cuando vi aparecer la cabeza de David, le salpiqué dando un manotazo en el agua, sin parar de reír.
                –Has peleado bien – reconoció. Él también me salpicó.
                –Tú también.
                Miré hacia atrás y me di cuenta de que Brenda y Leo ya no estaban dentro de la piscina. Mi amiga se había sentado en el borde, con los pies sumergidos y las gafas de sol cubriendo sus ojos. Nos observaba, y cuando se percató de que la había descubierto me sonrió. Leo estaba detrás, colocando su toalla sobre el césped. Me volví hacia David e hice amagos de nadar hacia atrás, pero tiró suavemente de mis piernas, desplazándome de nuevo hacia él. Sus labios formaron una sonrisa traviesa.
                –¿Ya vas a salir?
                –¿No has tenido suficiente? – respondí, sin intentar impedir que me arrastrara. Abrí los brazos para flotar mejor.
                –No.
                Reí.
                –Solo voy a nadar un poco.
                Me soltó despacio y nadó hacia la pared del fondo. Sacó los brazos para apoyarlos en el borde mientras yo hacía algunos largos, recordando sus brazos rodeando mi cuerpo y mis piernas abrazando el suyo hacía un momento, sintiendo cómo mi pulso se aceleraba.

                Dos horas más tarde comimos a la sombra del porche, escuchando el arrullo del río, el cantar de las chicharras y, de vez en cuando, el sonido de las hojas de los árboles moviéndose con la brisa. Como Leo y yo habíamos cocinado, Brenda y David se encargaron de fregar los platos. Mientras tanto, yo me acomodé en uno de los sofás, agotada por la sesión de piscina de esa mañana. Cerré los ojos y al rato, cuando ya estaba adormilada, sentí que mi amiga se me echaba encima para acurrucarse allí conmigo.
                –Brenda, eres una estufa – me quejé entre balbuceos. Ella se apretó más contra mí y soltó un suspiro de satisfacción.
                –Te aguantas. Para eso están las amigas.
                Sonreí. Lo último que escuché antes de quedarme dormida fue el murmullo de la televisión y a Leo y David hablando en voz baja desde el otro sofá. Cuando desperté estaba sudando, y Brenda seguía abrazada a mí, con los ojos cerrados y la boca entreabierta. Escuchaba su respiración suave. El sofá en el que habían estado viendo la televisión Leo y David estaba vacío. Intenté levantarme sin despertarla, pero fue imposible.
                –¿Qué hora es? – murmuró mientras se incorporaba despacio. Se frotó los ojos y me miró.
                –Las siete y veinte – comprobé en mi móvil.
                –Pues sí que hemos dormido. ¿Dónde están estos dos?
                –Ni idea. No se les oye por ninguna parte.
                Me asomé a la puerta del porche para ver si estaban en la piscina, pero no había rastro de ellos. Cuando escuché a Brenda reír, desvié mi atención del agua en calma y regresé dentro.
                –Han dejado una nota. Estaba en el suelo – me dijo, enseñándome un trozo de papel mal cortado, donde reconocí la letra desordenada de Leo. Leyó en voz alta lo que su chico había escrito –: Nos vamos al río. Cuando dormís parecéis buenas y todo. Os hemos hecho una foto.
                Sonreí.
                –¿Qué hacemos?
                –Vamos a buscarlos. Así vemos el río – sugirió, poniéndose en pie y caminando hacia la entrada con decisión. Yo la seguí, cerrando la puerta con llave al salir.
                Rodeamos la casa para llegar hasta el río, y caminamos por la ribera, con la hierba verde y húmeda acariciando nuestros tobillos. El agua se deslizaba entre las piedras, alegre y cristalina, y de vez en cuando se veía algún pez nadando en las zonas más tranquilas. Avanzábamos bajo la sombra de árboles y arbustos que se alzaban sobre nosotras rodeando el río. Después de un rato caminando, descubrimos a Leo y David sentados sobre unas piedras mirando el agua correr entre las rocas. Brenda me indicó, colocando un dedo sobre sus labios, que me quedara callada, me cogió de la mano y me condujo despacio al arbusto que había tras los chicos, supuse que para escondernos ahí.
                –¿Pretendes espiarlos? – pregunté en un susurro, dedicándole una mirada de desaprobación.
                –Solo un poco. ¿No dices siempre que te gustaría saber de qué hablan los chicos cuando no estamos nosotras?
                –Esto no está bien – sentencié, pero me agaché y los observé a escondidas.
                Brenda sonrió. A los pocos segundos escuché la voz de Leo.
                –No me puedo creer que no te guste Resident Evil.
                –Sí me gusta – replicó David –. Solo he dicho que soy más de Zelda.
                –¿Están hablando de videojuegos? – murmuró Brenda con cara de exasperación –. Serán frikis.
                –Me encanta Zelda – afirmé.
                –Friki tú también.
                Me reí en voz baja y seguimos escuchando, agazapadas tras el arbusto. Empezaba a notar el cansancio en las piernas.
                –Brenda odia los videojuegos – dijo Leo. Pude intuir una sonrisa en su rostro –. Cuando está ella en casa no puedo jugar porque dice que se aburre. Siempre me dice que soy un friki. Pero es ella la que ha visto mil veces Bokura Ga Ita.
                Rieron y yo los acompañé, procurando que no me oyeran.
                –Y él ha visto un millón de veces Full Metal Alchemist – contraatacó Brenda en voz baja.
                –Es una chica estupenda – señaló David. Después soltó una risa –. Tiene mucho carácter, pero es estupenda.
                –Sí. Soy un tío con suerte. – Vi a mi amiga sonreír y morderse el labio, los ojos brillantes –. Bueno, ¿y qué pasa con Alma y contigo?
                Me puse nerviosa, y tuve que esforzarme por ignorar el cosquilleo de las piernas y no dejarme caer sobre la hierba. Brenda no puso mucho de su parte cuando me dio un empujoncito con el codo, moviendo las cejas arriba y abajo.
                –Ya sabes lo que pienso de Alma, pero me parece que ella no me ve de la misma forma.
                Me pareció que Leo apretaba los labios, como para no hablar más de la cuenta. Supuse que se estaba acordando de nuestra conversación en la puerta de mi casa la noche que me enseñó los cachorritos. Esa vez le había dado a entender que sentía algo por David.
                –¿Qué dices? – respondió al fin –. ¿Y lo de esta mañana en la piscina? Creo que es evidente que le gustas.
                –La he visto ya dos veces jugar contigo a las ahogadillas. ¿No irás a decirme que le gustas tú también?
                –Hazme caso. La conozco bien, y sé que siente algo por ti. Solo necesita un poco de tiempo.
                –Sé lo que es querer olvidar a alguien a quien has querido. Se necesita algo más que un poco de tiempo. Creo que lo único que he hecho es confundirla.
                –Ten paciencia.
                –No me importa esperar. Es solo que… no quiero que se sienta presionada.
                Quedaron callados y permanecimos unos segundos sin movernos. Sentía un remolino de sentimientos formándose dentro de mí, y el hormigueo de las piernas se había convertido en punzadas.
                –No tendríamos que haber escuchado esto. Es privado – le dije a Brenda poniéndome en pie. Durante un instante sentí un dolor intenso en los músculos, pero luego me invadió una sensación de alivio.
                Ella me imitó, me miró un momento y luego se acercó a los chicos como si nada. La seguí. Leo y David se sobresaltaron al vernos.
                –¡Por fin os hemos encontrado! – exclamó mi amiga, fingiendo que no había escuchado los últimos diez minutos de su conversación. Se sentó junto a Leo –. ¿De qué hablabais?
                Lo dijo con una inocencia tan falsa pero tan creíble que me enfadé un poco con ella.
                –De videojuegos – respondieron al unísono, y se miraron mutuamente con un gesto de complicidad.
                Me quedé de pie junto a David, que alzó la cabeza para mirarme. El sol le dio en los ojos, así que se hizo sombra con la mano.
                –Menuda siesta habéis echado, ¿no? – rio.
                –El esfuerzo que he hecho esta mañana para poder ganarte en la batalla de ahogadillas me ha dejado agotada – respondí.
                Soltó una carcajada y de un movimiento se puso en pie. Me miró desafiante.

                –Pues descansa bien esta noche. Mañana no te lo pondré tan fácil.

5 comentarios:

  1. No lo dejes ahí. Me encanta como escribes y tu novela me a dejado sin palabras enserio espero que pongas rápido el próximo capítulo.

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  2. EY! regresando de vacaciones yo esperaba encontrarme con más capítulos y resulta que solo hay uno!, me ha gustado.

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  3. Estoy impresionada, pensé que no habría una historia que me enganchase y gustase como "With me" (que sigue siendo épica) pero esta me tiene enganchada, enamorada e identificada.
    Realmente eres una chica talentosa, espero seguir leyendo más capítulos de esta historia, no pares si??
    Un beso enorme.
    PD: Soy Porque tu feliz, pero con mi nombre y cuenta de google ;)

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  4. bueno mi nombre es Coral no laroc XD

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  5. Hooli ^.^ ,me he leido tu novela toda, entre hoy y ayer y dios es asdfghjklpjh *-*, me encanta!!, :3,exijo que sigas, no me puedes dejar asi, porfa escribe prontito!, un besito cielin!.(:

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